Por Juan Pablo Gómez Alvizo | 25 de julio de 2026
La batalla diaria de la economía familiar y productiva: ¿Por qué aumenta la cartera vencida en México?
En lo que va de 2026, el incremento de la cartera vencida en los créditos concedidos a los hogares y a los sectores productivos se ha erigido como un termómetro social indiscutible. La cifra reportada por el Banco de México al mes de abril, un incremento del 7.2% en tan solo cuatro meses para alcanzar niveles récord, no obedece a una falta de cultura de pago, sino a una presión financiera estructural que asfixia tanto a las familias como a los productores del país.
1. De la supervivencia familiar al endeudamiento digital.
Ante salarios insuficientes y un mercado laboral incapaz de generar empleos de calidad, el recurso del endeudamiento se ha vuelto una vía de supervivencia. La inmediatez y facilidad de acceso a créditos de consumo a través de aplicaciones financieras han acelerado la toma de préstamos que, a la larga, resultan imposibles de saldar frente a ingresos inestables.
Las razones detrás de este fenómeno responden a factores claros:
Tasas de interés elevadas: Para contener la inflación, Banxico ha mantenido su tasa de referencia alta, provocando un «efecto bola de nieve» en quienes pagan el mínimo en sus tarjetas.
Pérdida del poder adquisitivo: Aunque la inflación general se modere, el costo de la canasta básica y la despensa diaria sigue al alza, obligando a priorizar el sustento vital sobre las deudas bancarias.
Sobreendeudamiento por iliquidez: El crédito al consumo pasó de ser un medio de inversión a un salvavidas para cubrir el gasto corriente.
2. El sector agrícola: endeudarse para sobrevivir, no para crecer.
Esta problemática golpea de manera crítica a la economía local. En Jalisco, por ejemplo, los focos rojos se han encendido en el sector agropecuario, donde la cartera vencida se disparó un 54.5% en marzo de 2026, elevando la morosidad al 15.35%. En términos sencillos: 15 de cada 100 pesos otorgados al campo no se han podido recuperar.
El campo mexicano no está fallando a sus pagos por negligencia. Los productores enfrentan una pinza financiera voraz:
– Insumos encarecidos: El precio de los fertilizantes y combustibles se mantiene a la alta.
– Precios de garantía insuficientes: Lo que reciben por sus cosechas no refleja el valor ni el costo real de producción en el mercado.
Cuando la industria agropecuaria adquiere deudas para cubrir costos operativos y no para invertir en infraestructura, el crédito deja de ser un motor de desarrollo y se convierte en una trampa de supervivencia.
– Repercusiones: Un indicador con fiebre
El desbalance en las cuentas de crédito desencadena efectos en cadena para todo el sistema económico:
Impacto Principal
Solvencia y Bienestar: Pérdida de acceso a financiamiento futuro, daño al historial crediticio y estrés financiero constante en los hogares.
Consumo Privado: Desaceleración en la compra de bienes duraderos y estancamiento del comercio local.
Sistema Financiero: Endurecimiento de requisitos para otorgar nuevos créditos, encareciendo aún más el acceso a la liquidez.
Conclusión: Un síntoma que exige regulación
Los mexicanos no están dejando de pagar por falta de voluntad; la realidad es que la liquidez se ha agotado. El incremento en la morosidad es el síntoma de una enfermedad más profunda: salarios rebasados, insumos agrícolas caros y un financiamiento exprés que abusa de la necesidad.
Este indicador funciona como un termómetro que ya marca fiebre. Corresponde al gobierno y a las autoridades financieras atender las causas de fondo mediante políticas de fomento al campo, regulación a las plataformas de crédito inmediato y contención de precios en la canasta básica, antes de que este síntoma se transforme en una crisis de insolvencia generalizada.