miércoles , 29 julio 2026

La estrategia de Verástegui: la estupidez como espectáculo político l OPINIÓN

Por Oscar Miguel Rivera Hernández l 29 de julio de 2026

No cabe duda de que al término del Mundial de fútbol 2026 la realidad, triste, pero realidad, de la política mexicana nos ha regresado con fuerza. Y con esa fuerza prevalece, de veras, la idiotez.

A mí me da la impresión de que hay un concurso para ver quién es el más idiota de todos, el que más cosas sin sentido dice. Cualquiera que se les ocurra, como si fuese un debate o una controversia. En otras palabras, hablan tantas tonterías como si fuera un concurso de quién dice la mayor cantidad y la mayor babosada.

Esa es la impresión que me da de algunas personas de la oposición. Bueno, hasta un medio de comunicación se suma abiertamente y se burla del sentido común y de la inteligencia de los mexicanos, publicando una encuesta en la que el que encabeza esa encuesta es Salinas Pliego; juzgue usted. Y en este espectáculo de la estupidez, el actor y activista de ultraderecha Eduardo Verástegui Córdoba ha decidido tomar el micrófono.

El miércoles pasado publicó un post en X que se polemizó por la estupidez del tema propuesto. Dice Verástegui: “México necesita un dictador” y le añade una palabra que verdaderamente me hace cuestionar si está bien de sus facultades mentales o si se trata de un idiota que intenta solamente llamar la atención: “benevolente”.

Puede ser que, en la historia, si la revisamos, encontremos algunos dictadores benevolentes, pero no más de los cinco dedos de una mano. Sin embargo, ignorante como es ese imbécil, él mismo añade algunos ejemplos de dictadores sanguinarios y terribles, y por eso me parece una idea de la estupidez humana completa.

La «benevolencia» de Porfirio Díaz, Pinochet y Franco

El post de Verástegui es un desfile de ignorancia histórica. Dice: “Porfirio Díaz fue el mejor presidente que ha tenido México… y fue dictador. Pinochet fue lo mejor que le pasó a Chile. Franco fue lo mejor que le pasó a España en los últimos tiempos”.

Y vuelvo a decirlo, de veras es así o es idiota. Así como yo, hay muchos que le dan respuestas muy duras. Pero retomo, los PRIANISTAS y en general todos los de oposición, sin discriminar a los panistas católicos, están echando competencias a ver quién se escucha más menso.

Durante el Porfiriato, que fue de 1876 a 1911, el lema oficial del gobierno de Porfirio Díaz fue “paz, orden y progreso”. Sin embargo, la contra cara de la modernización e infraestructura que vivió México fue un régimen autoritario con violencia sistemática y brutal para sofocar a la disidencia, despojar a comunidades y mantener el control social a base de la metralleta. Así que eso es lo que quiere decir con «benevolencia» este Eduardo Verástegui.

Y él menciona la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile. Eso fue la institucionalización del terrorismo de Estado. No solo persiguió a sus opositores de forma reactiva, sino que montó un aparato burocrático y secreto diseñado específicamente para reprimir, detener, torturar, ejecutar, desaparecer a miles de personas. El lado violento del régimen de Pinochet traspasó las fronteras a través de una red de coordinación que además coordinaba la CIA y que enlazaba las dictaduras de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Los asesinatos selectivos también se daban: el de Carlos Prat en Buenos Aires, el de Bernardo Layton en Roma, el de Orlando Letelier en Washington D.C., asesinado junto a su asistente.

Y el tercero que menciona Verástegui es Franco, Francisco Franco en España, desde 1939, una dictadura de casi cuatro décadas mediante el uso sistemático del terror y la violencia de Estado. La represión franquista se cobró entre 130 mil y 150 mil víctimas mortales, y cientos de miles de encarcelados, exiliados y represaliados. España se convirtió en uno de los países del mundo con mayor número de desaparecidos enterrados en fosas comunes.

Más allá de la ignorancia histórica, lo que revela este personaje es una profunda hipocresía. Verástegui es un actor devenido en activista de ultraderecha que en febrero de 2025 obtuvo el registro ante el INE para su nuevo partido, Movimiento Viva México.

Verástegui aspira a una ultraderecha populista con propuestas simplistas ante problemas complejos. Dice soñar “un México que le permita a Dios ser el centro de nuestra nación”, lo que es una afirmación teocrática que transgrede el carácter laico del Estado mexicano.

Defiende la mexicanidad y reivindica a la Virgen de Guadalupe, pero su principal aliado es Donald Trump, el presidente estadounidense más antimexicano en los últimos años. Pregona y defiende la familia tradicional y, a sus 51 años, no ha construido una ni se le conoce pareja ni tiene hijos. Es la mayor estupidez que hemos escuchado en este mes.

Lamentablemente, el caso de Verástegui no es una simple ocurrencia. Es parte de un fenómeno que hemos estado viendo desde hace varios años y se agudizó ahorita después del receso con lo del mundial de fútbol, donde la ignorancia y la estupidez son la estrategia. La falta de criterio alimenta una certeza ciega que permite a cualquiera pronunciar el mayor número de palabras sin el menor reparo, sin entender lo que está diciendo.

Es lo mismo que vemos con esos influencers que piden que solo voten en México los jefes de familia y se haga un examen para poder votar. No es una propuesta, no es un debate, es una estupidez plena. Proponen sustituir el sufragio universal por un esquema en el que solo vote el hombre de la casa y condicionar el derecho a votar a la aprobación de un examen previo de conocimientos.

Esto, más que un debate, es la estupidez plena; es un discurso clasista, regresivo, discriminatorio. Es precisamente lo que hizo la dictadura de Francisco Franco: eliminar los derechos civiles adquiridos durante la República.

Verástegui es una regresión, una amenaza para la democracia mexicana. Por eso digo: es la estupidez a su máxima expresión.

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