Oscar Miguel Rivera Hernández | 05 de agosto de 2025
Hay aspectos de la 4T que merecen reconocimiento. Pero ser objetivo también implica señalar lo que no cuadra. Y hoy, cuando vemos a importantes figuras de MORENA viajando por el mundo como si fueran magnates, mientras el gobierno insiste en discursos de austeridad, la pregunta es inevitable: ¿Dónde quedó la promesa de ser diferentes? La incongruencia no es un detalle menor; es un síntoma de que algo falla en la coherencia del proyecto.
Desde que llegó a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador prometió un gobierno diferente, austero, humilde y alejado de los excesos del pasado. Insistió en que sus funcionarios no serían como los del PRI o el PAN, que malgastaban el dinero público en lujos y viajes. Sin embargo, en las últimas semanas, varios líderes de su partido, MORENA, han sido señalados por hacer precisamente lo que criticaban: viajes costosos al extranjero mientras en México hay problemas urgentes por resolver.
Este contraste entre el discurso oficial y las acciones de algunos morenistas no solo genera desconfianza, sino que también plantea una pregunta incómoda: ¿Realmente son distintos, o solo repiten los mismos vicios que tanto denunciaron?
La presidenta Claudia Sheinbaum ha repetido en múltiples ocasiones que los funcionarios deben actuar con humildad y vivir en la «justa medianía». Este concepto, heredado del lopezobradorismo, busca transmitir la idea de que quienes gobiernan deben ser cercanos al pueblo, evitando privilegios y gastos innecesarios.
Sin embargo, esta narrativa se desmorona cuando figuras clave de MORENA aparecen en destinos turísticos de lujo. Ricardo Monreal fue visto en España celebrando su cumpleaños en un exclusivo cortijo. Mario Delgado, Secretario de Educación, asegura que sigue trabajando desde Portugal, pero su ausencia coincide con protestas magisteriales en México. Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente y Secretario de Organización de Morena, fue fotografiado en Japón junto a un legislador aliado.
¿Cómo se explica que, mientras el gobierno insiste en recortar gastos en servicios públicos, estos líderes morenistas puedan darse el lujo de viajar a Europa y Asia?
Cuando los periodistas cuestionan estos viajes, las respuestas son evasivas o incluso ridículas. En una reciente entrevista, a Mario Delgado solo le tomó siete segundos decir que «está trabajando», sin dar detalles sobre el costo del viaje o su justificación.
Esto contrasta con la supuesta transparencia que pregona MORENA. Si realmente quieren ser diferentes, deberían responder con claridad: ¿Quién pagó estos viajes? ¿Fue con dinero público o con sus recursos?
Si MORENA criticó a los políticos del PRI y PAN por sus excesos, ¿por qué ahora hacen lo mismo? Hasta ahora, ninguno ha dado una explicación convincente.
Lo más grave no es solo que viajen, sino que lo hagan en un contexto donde el gobierno insiste en recortar gastos en áreas esenciales, ya que los hospitales públicos carecen de insumos básicos, escuelas tienen infraestructura deficiente, oficinas gubernamentales trabajan con equipos obsoletos.
Mientras tanto, estos líderes morenistas parecen vivir en una realidad paralela, disfrutando de viajes que la mayoría de los mexicanos no podrían costear. ¿No es esto exactamente lo que criticaban del «viejo régimen»? Lo más preocupante es que estos viajes no son casos aislados, sino parte de un patrón.
Esto genera un malestar creciente entre los simpatizantes de MORENA, muchos de los cuales votaron por el partido precisamente para acabar con estos abusos.
¿Qué hubiera sido una respuesta honesta? Si realmente quisieran ser transparentes, Mario Delgado o Ricardo Monreal podrían decir: «Este viaje me costó tal cantidad, lo pagué con mi dinero, y lo planeé desde hace tiempo, porque…» Pero no lo hacen. En cambio, dan respuestas vagas o simplemente ignoran las críticas.
Peor aún, cuando se les cuestiona, algunos morenistas desvían la conversación, acusando a los medios de ser «opositores» o de «querer desprestigiarlos».
Algunos simpatizantes han salido a justificar estos viajes argumentando que los líderes morenistas utilizan «recursos propios», obtenidos supuestamente de sus empresas o ahorros personales, para financiar sus estancias en destinos de lujo. Sin embargo, una declaración no es suficiente, si realmente quieren ser transparentes, deberían demostrarlo con facturas, estados de cuenta o recibos que comprueben el origen de los fondos.
Después de todo, se trata de figuras públicas que llegaron al poder prometiendo rendición de cuentas.
Pero más allá de la discusión sobre quién pagó los boletos o los hoteles, está el fondo ético del asunto. La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que los funcionarios deben evitar cualquier apariencia de despilfarro u ostentación, pues la imagen que proyectan tiene consecuencias políticas.
No se trata solo de si pueden costearlo, sino de si es congruente con el discurso de austeridad que pregona su gobierno. ¿De qué sirve hablar de «justa medianía» si luego sus colaboradores más cercanos aparecen en resorts exclusivos o viajando en primera clase? La credibilidad no se gana con palabras, sino con coherencia.
¿Acaso no es legítimo preguntar por el uso de recursos públicos? MORENA llegó al poder prometiendo un cambio, pero estos actos de hipocresía están dañando su imagen. La gente no olvida que criticaron a los políticos ricos y ostentosos, y ahora ven a sus líderes comportarse igual.
Ejemplos históricos muestran que los partidos pierden apoyo cuando traicionan sus principios: el PRI cayó por la corrupción y el autoritarismo, el PAN perdió credibilidad por los excesos de Fox y Calderón y si MORENA no corrige este rumbo, podría terminar igual.
La austeridad no debe ser solo un discurso, debe demostrarse con acciones. Hasta ahora, varios morenistas están fallando.