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Manzo, violencia y oportunismo: la tragedia que unos quieren usar para hacer ruido | OPINIÓN

Óscar Miguel Rivera Hernández | 11 de noviembre de 2025

Un amigo me preguntó una vez: “Si tu casa se está incendiando, ¿prefieres a alguien que te traiga agua o a alguien que solo se pare a gritar?”. Esta pregunta me vino a la mente con la triste noticia del asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan. Su muerte es una hoguera más en un gran incendio que lleva años consumiéndonos. Es una noticia que duele, enoja y da miedo, pero en medio de este dolor, lo que más resuena no son las soluciones, sino un montón de gritos, acusaciones y palabras que no construyen nada.

Y aquí otro ejemplo que, en solución de conflictos, lo ponía a mis alumnos de Tutoría; Si una tubería se rompe e inunda todo, ¿qué es más útil? ¿Que todos trabajen juntos para limpiar y reparar el daño, o que unos se pongan a señalar y a gritarle al director, mientras otros, desde fuera, claman que vengan los bomberos de otro país? Algo muy similar está pasando en el país.

Carlos Manzo no es el primer alcalde asesinado. Según El Universal, en 25 años han sido asesinados 119 presidentes municipales o alcaldes. En el periodo de Vicente Fox hubo 4 asesinatos; con Felipe Calderón, 37; con Enrique Peña Nieto, 42 (la cifra más alta hasta ahora); con Andrés Manuel López Obrador, 26; y con Claudia Sheinbaum (en un año), van 10. Estos números muestran que el problema no es nuevo. Lo preocupante es que algunos políticos, que antes guardaban silencio, ahora, con cada muerte, gritan y se enojan como si el problema hubiera comenzado ayer. No es malo enojarse ¡todos lo estamos!, lo grave es usar ese enojo no para proponer, sino para culpar a otros y ganar poder.

Tras el asesinato del 1 de noviembre, hemos escuchado más ruido que ideas. La senadora Lily Téllez exclamó en el Senado: “¡Queremos guerra!”. Parece olvidar que ya intentaron esa fórmula con Felipe Calderón en 2007, y el resultado fue más violencia y más muertes. Decir “queremos guerra” es ignorar la lección más dolorosa de los últimos años, ya que esa estrategia no funciona.

Mientras, Ricardo Salinas Pliego, sin presentar pruebas, insinuó que el propio gobierno de Sheinbaum estuvo detrás del crimen. Inventar acusaciones tan graves solo siembra confusión y desconfianza. Al otro lado del Atlántico, el periodista español Javier Negré, conocido por sus declaraciones falsas, sugirió que México necesita al ejército de Estados Unidos para salir de esto. Los países, como las familias, deben resolver sus problemas con sus propias herramientas, pidiendo ayuda si es necesario, pero sin permitir intromisiones.

Esta narrativa se ha visto reforzada por declaraciones de figuras como Christopher Landau, de la administración Trump, quien afirmó que Estados Unidos está listo para operar en México contra el crimen organizado, una postura que vulnera nuestra soberanía.

La oposición aprovecha el miedo de la gente, ya que saben que, en tiempos de crisis, la población escucha a quien grita más fuerte, aunque no diga nada con sentido, porque su objetivo no es solucionar la violencia, sino capitalizar el dolor para desacreditar al gobierno y ganar adeptos.

Un ejemplo claro de esta manipulación fue el de Javier Alatorre, presentador estrella de TV Azteca, quien en su cuenta de X, habló del presunto asesino de Manzo, Manuel Ubaldo Vidales, de 17 años, Alatorre intentó vincular el crimen con el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, insinuando su fracaso. Su patrón, Ricardo Salinas Pliego, replicó el mensaje. Una mentira más del “periodista”, ya que la realidad es que el programa no acepta menores de edad (está dirigido a jóvenes de 18 a 29 años), por lo que la acusación carece de fundamento. Este caso revela cómo se distorsiona la información para atacar políticas sociales.

Michoacán, escenario de esta tragedia, es un estado que arrastra una violencia crónica desde la “guerra” de Calderón, con episodios como el atentado con granadas en Morelia en 2008 y el levantamiento de las autodefensas en 2014. Estos eventos desataron una espiral de crimen que aún no cesa.

Si la guerra no sirve y los gritos son estériles, ¿qué hacemos? El gobierno de López Obrador logró contener la escalada descontrolada de violencia, un primer paso, aunque insuficiente. Se necesita más; revisar y fortalecer los cuerpos policiales y la Guardia Nacional, con estrategias de inteligencia y proximidad comunitaria que prevengan el reclutamiento de jóvenes.

La presidenta debe exigir a los gobernadores que cumplan con su deber, y buscar que haya consecuencias si no lo hacen, porque la mejor forma de silenciar a los gritones es demostrando que las cosas se pueden arreglar. Si la ciudadanía ve menos impunidad, más capturas y mayor seguridad, dejará de prestar atención y oídos a quienes solo saben quejarse.

Y yo les preguntaría a esos políticos que acusan sin proponer, “¿qué están haciendo ellos? ¿qué plan tienen?”. Señalar problemas sin ofrecer soluciones, no tiene caso que hablen.

La muerte de Carlos Manzo es una tragedia que debe unir a los diferentes niveles de gobierno y fuerzas policiacas en la búsqueda de soluciones, no dividirlos con gritos y mentiras. Y a nosotros como ciudadanos, no nos queda más que exigir trabajo y dejar de aplaudirles a los Lily Téllez, Salinas Pliego o Alatorres. 

El camino es una respuesta de Estado que sea inteligente y humana, que ataque de raíz este gran flagelo que se vive en el país, que es la violencia.

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