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La OTAN: Perros fieles del imperio y cómplices del neofascismo | OPINIÓN

Por Óscar Miguel Rivera Hernández | 11 de julio de 2025

Hablemos del entreguismo de los países de la OTAN y cómo se han vuelto cómplices de los caprichos del imperio, hoy encabezado por Donald Trump.

La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) es una alianza militar y política de países de Europa y Norteamérica. Su “función principal” es garantizar la seguridad y la libertad de sus miembros a través de la cooperación política y militar. No dice practicar el genocidio.

A veces, cuando un adulto habla con un niño, usa palabras duras para que entienda mejor. Eso fue lo que dijo hace unos días el nuevo jefe de la OTAN, Mark Rutte, cuando habló sobre Donald Trump. Le dijo: “A veces papi tiene que usar lenguaje fuerte”. Papi, en este caso, es Estados Unidos. Y lo que Rutte dijo nos ayuda a entender algo muy serio: la OTAN, que es una organización militar de muchos países de Europa y América del Norte, sigue obedeciendo todo lo que dice Estados Unidos, como si fueran niños que dependen de su papá.

Esto no es una exageración. Después de esa frase tan rara, a Rutte le preguntaron si de verdad pensaba eso. Él no solo no lo negó, sino que dijo que muchos países europeos le preguntan si “papá Estados Unidos” seguirá cuidándolos. Que suena como cuando un niño pequeño quiere saber si todavía tiene una familia. O sea, no solo lo dijo una vez, lo confirmó. Y eso deja muy mal parada a Europa y a la OTAN.

Parece que los líderes europeos no se han dado cuenta de que el mundo ha cambiado. Dicen que quieren ser más independientes, que no quieren depender tanto de Trump, pero hacen exactamente lo que él les ordena. Un buen ejemplo de esto es que todos los países que están en la OTAN aceptaron gastar más dinero en armas, hasta el 5% de lo que produce su país en un año (el famoso PIB). Lo hacen para que Trump esté contento. Y sí, él está feliz, porque quiere más dinero para la guerra, y Europa se lo está dando.

Este comportamiento no muestra independencia ni valentía. Al contrario, demuestra miedo, obediencia y una falta total de personalidad. En lugar de construir una política que defienda la paz y los derechos humanos, Europa se convierte en cómplice de las guerras que impulsa Trump. Y eso es muy peligroso.

Trump no es una simple persona con ideas locas y con la piel anaranjada. No es un error que apareció de la nada. Es el resultado lógico de un sistema que ya venía mal desde hace mucho tiempo: el capitalismo. Ese sistema ha causado muchas desigualdades, ha dañado el medio ambiente y ha permitido que unos pocos vivan muy bien mientras millones de personas sufren.

Con Trump, ese sistema se ha vuelto aún más cruel. Ahora vemos un tipo de política más agresiva, que no respeta los derechos, que desprecia a los pobres, a las mujeres, a los migrantes, a los que piensan diferente. Trump representa eso: un sistema bestial, sin corazón, que solo quiere ganar dinero, aunque eso implique destruir vidas.

Y aquí es donde Europa se queda sin fuerza. Porque, aunque parezca que no le gusta Trump, en el fondo también forma parte de ese sistema. Europa también ha explotado a otros países, ha cerrado las puertas a los migrantes, ha participado en guerras injustas y ha protegido a empresas que destruyen el planeta. Por eso no puede enfrentarse de verdad a Trump, porque sería como pelear contra su propio reflejo.

Entonces, ¿quién sí está enfrentando a Trump? ¿Quién sí tiene el valor de decirle que no?

No son los presidentes ni los gobiernos. Son las personas comunes, los movimientos sociales, la gente que lucha todos los días por un mundo mejor. Son las feministas, esas que defienden los derechos de las mujeres. Son los migrantes y quienes los apoyan, aunque no tengan el mismo pasaporte. Son quienes alzan la voz por Palestina y denuncian el genocidio que está ocurriendo mientras los poderosos se hacen de la vista gorda. Son los pacifistas, los que rechazan las guerras y quieren soluciones sin violencia. Son los antifascistas, los que no permiten que el odio y el racismo tomen el control de la política.

Estas personas no solo luchan contra Trump como individuo. Luchan contra todo lo que él representa. Luchan contra el sistema que lo creó y lo fortaleció. Y eso es lo que realmente da esperanza. Porque, aunque parezca que Trump tiene mucho poder, hay millones de personas que no se rinden. Que no aceptan el odio, que no aceptan las guerras, que no aceptan el racismo ni el machismo.

Trump no se puede vencer con tibieza. No se le enfrenta con discursos suaves ni con medias tintas. Se le enfrenta con firmeza, con decisión, con valor. No sirve de nada decir que uno está en contra de Trump mientras le entrega dinero, armas y apoyo político. Eso es hipocresía. Lo que hace falta es una oposición real, sincera y valiente. Una oposición que no se arrodille ni frente a Trump ni frente al sistema que lo sostiene.

El mundo necesita más personas valientes. Personas que no tengan miedo de decir la verdad, aunque sea incómoda. Que no se callen cuando ven injusticias. Que se atrevan a imaginar un mundo diferente, donde las personas valgan más que el dinero, donde la paz valga más que las armas, donde el respeto valga más que el poder.

El problema no es solo Trump. Es todo lo que lo rodea, lo que lo impulsa, lo que lo justifica. Es el silencio de los gobiernos europeos, es el servilismo de la OTAN, es la falta de liderazgo real en un mundo que necesita esperanza.

Por eso es importante escuchar a quienes luchan desde abajo. A quienes organizan marchas, a quienes defienden los derechos humanos, a quienes ayudan a los refugiados, a quienes cuidan el medio ambiente. Ellos son los verdaderos héroes de este tiempo. Ellos son los que sí enfrentan a Trump y todo lo que representa.

La historia se escribe con actos. Y hoy más que nunca, el mundo necesita actos valientes, pero no los hay.

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