Faltan pocas semanas para que María Xóchitl Vázquez Martín, concluya sus estudios de bachillerato en la Preparatoria Regional de Tepatitlán, de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Tiene 63 años, actualmente es la mayor de los estudiantes de la Prepa Tepa, eso la llena de orgullo; sabe que es una muestra fehaciente de que la edad no impide seguir aprendiendo. Narra su paso por el plantel como una experiencia única.
La historia de Xóchitl, a la que alguna vez en la fila para el examen de admisión confundieron con una madre de familia. De la que los primeros días de clases la creyeron maestra. De la que alguna vez alguien creyó que era una persona que llevaba una eternidad en la prepa. Ella es amable. Buena conversadora, siempre tiene palabras para el que le pide consejo. La que conoce arcaísmos, pero también le sabe a los modismos. La de mejor memoria. La que recuerda datos, hechos y anécdotas de la ciudad.
Antes de entrar a la preparatoria, laboraba para el gobierno federal, en los apoyos del Bienestar. En ese empleo le dijeron que para poder seguir trabajando, tendría que terminar el bachillerato. Decidió, junto con su jefa de trabajo, iniciar sus estudios. Su intención era estudiar en los cursos sabatinos en la Prepa Tepa, pero cuando acudió al plantel le dijeron que esa modalidad no existía. Igual acudió a realizar el examen de admisión. Quedó en la segunda vuelta, mejor conocido como calendario A.
«Antes de entrar me decían varias personas: es que son 3 años, mejor hazlo en año y medio en una abierta. Yo les dije: no, quiero saber qué se siente estar entre la chamacada. Para mí ha sido, sigue siendo y será una experiencia maravillosa el poder cumplir un sueño que de chamaca no pude concluirlo por diferentes circunstancias, pero ahora que lo estoy logrando, es algo maravilloso para mí, es un orgullo para mí pertenecer a este plantel”, señala.
Xóchitl es muy creyente, todos los días despierta y da gracias a Dios por un nuevo día. Su rutina inicia desde muy temprano. Da de comer a su chihuahua, a su loro y a su cacatúa, para después, caminar hasta la Casa de la Cultura de Tepa a esperar el raid de una compañera o el transporte público que la llevará a la escuela.
“Al llegar a la prepa siento que me inyectan energía. Al pisar la escuela me siento soñada. Me siento como que miren mijos, aquí estoy y sí puedo. Me encanta cuando voltean a mirarme. Me siento orgullosa de mí misma, sinceramente, humildemente lo digo”, sentencia.
Vázquez Martín reconoce que no ha sido fácil su paso por la preparatoria. Para ella, el haber llegado a un espacio en donde le brindaron educación fue inexplicable al principio. Desde el inicio se propuso adaptarse a sus compañeros y no ellos a ella. Asegura que en las aulas reconoció a sus profesores como grandes seres humanos.
“En el lapso de estos tres años he tenido varios maestros, porque son varios los que nos imparten las materias; para mí todos son un amor. Todos son comprensibles. Yo no entiendo a la chamacada, que no entiende que los maestros están dando su vida por enseñarnos, nos están enseñando a cómo vivir, cómo salir adelante y algunos no lo valoran” aclara.
“Sin embargo, gracias a Dios, a mi tiempo y espacio, porque yo no tengo años, yo tengo tiempo y espacio. El tiempo se me está terminando y lo estoy aprovechando. Tengo 63 años, bendito sea Dios. Y que vengan más. Me siento como si tuviera unos 20 o 25. Por eso no se me hizo muy difícil adaptarme a los chavalos, ya que les sigo el juego, les sigo la corriente, eso sí, con respeto, porque llegaron a preguntarme dos, tres personas de aquí del plantel que cómo le hacía para que la chavalada me respetara. Simplemente dándole su espacio, porque pues la chavalada es la chavalada. Entonces dándoles su espacio y ahora sí que metiéndome en lo mío, en lo que realmente me interesa. Salir mi prepa y continuar”.
Xóchitl quiere seguir aprendiendo, tiene planeado cursar la licenciatura en criminología, la hará en línea, en la Universidad del Bienestar. Asegura que cuando concluya la prepa extrañará todo el plantel y todas las cosas buenas que ocurren en el mismo, señala que lo que más extrañará es portar la playera todos los días.
“La primera cosa que voy a extrañar es mi playera, que obviamente me la voy a seguir poniendo, pero no es lo mismo, ya que al portar esta playera, me siento ufana, me siento soñada, no sé, me transmite algo maravilloso el portar el escudo en mi playera. Para mí es algo maravilloso, de verdad, lo siento. Al ir entrando a la prepa me siento como pavo real, me siento como con las plumas todas expandidas. Siento mucho orgullo de pertenecer a esta a esta institución. Amo estar en la prepa. ¿Qué voy a extrañar? Literal todo. Mis maestras, mis maestros, el director Mireles, a todos los directivos, para mí han sido maravillosos” remarca con énfasis.
Asegura que todas las materias que ha cursado son fáciles, pero a veces la traicionan los nervios, sobre todo en matemáticas, pero asegura que sus maestros siempre han sido comprensivos y le explican hasta que entiende los quebrados. Recuerda sus primeros días en el aula.
“Fue la diversión porque tanto alumnos como maestros me veían y me decían: hola, maestra Buenos días. Yo volteaba y respondía: no, no soy maestra, soy compañera. ¿En serio? Sí. Y me veían de arriba a abajo. Era una expresión de sorpresa para la muchachada tanto como para los maestros. Todo fue maravilloso”, declara.
Aún recuerda sus primeras horas dentro de un aula, haciendo el examen para ser admitida como alumna de la Universidad de Guadalajara. También se recuerda haciendo fila como cualquier aspirante.
“Cuando vinimos a hacer el examen había una persona, creo era un maestro, me dijo: señora, sálgase, aquí nada más es para los alumnos. Aquí no es para los papás. Es que yo no vengo con ningún alumno, vengo a hacer el examen, le respondí.»
La estudiante del bachillerato general por competencias, se acostumbró a los cuchicheos y a los ojos que la ven con extrañeza o discretamente. Asegura que cuando cursaba el segundo semestre ya tenía un apodo que no le desagradó, al contrario, la hizo reír mucho.
“Yo era la eterna, me morí del risa por el apodo. Me entró curiosidad por preguntar, ¿y por qué la eterna? Porque muchos chamaquitos, me saludaban ¡buen día! ¡buen día! Les respondía. Muchos chamaquitos pensaron que yo ya tenía muchos años estudiando, que yo estaba repitiendo semestres. Les dije, sí soy la eterna, pero la eternamente bella, bella, porque voy a seguir siendo bella. No creo, ser la única persona adulta que se meta a estudiar, pero si por mí fuera, quisiera ser la única, porque voy a ser la exclusiva de la prepa. Me siento ufana en toda la extensión de la palabra y me siento muy bien, muy feliz”.
Entre las anécdotas que Xóchitl ha vivido como alumna de la Regional, es una que le quitó el sueño, la elaboración de un producto para un proyecto emprendedor, en una de las materias de sexto semestre.
“Amo la maestra Nancy Ruíz. Su actitud, su positividad, todo, todo, todo. Adoro a esa maestra. Cuando yo sea grande, quiero ser como ella. Los amo a todos, a todos sin excepción, pero la maestra Nancy de verdad es un ejemplo a seguir en todos los aspectos. Estamos haciendo un proyecto en su materia en el cual me llevé todo un mes. Mis compañeros haciendo en sus casas unas cosas, yo haciendo otras. Eran las tres de la mañana y continuaba con ese proyecto. Decía mi hija: ya acuéstate. No, porque esto tiene que estar a tiempo, pero todavía tienes tiempo, ¿no? porque si los jabones que estoy haciendo se les va a poner sosa, esto tiene que ir pasando el tiempo para fin de que se puedan utilizar, entonces no hay tiempo. Ahí estaba yo con mi crema aparte, porque también estamos haciendo crema toda preciosa, lista para ponerla en pomitos. ¡Y fuuuuun! que se me cae toda, toda se me cayó en la ropa. Ahí sí opté por decir: son las tres de la mañana, sábado amaneciendo y el domingo, déjalo ahí, por este momento solamente porque no voy a claudicar. Ya mañana continúo, ya estaba estresada. Pero es algo maravilloso, el darse uno mismo en esos momentos la fuerza que necesitas”.
Nunca es tarde para aprender
“Hay muchas personas que me lo han dicho directamente que les da vergüenza porque ya son grandes, que ya no tienen edad, que cómo va a convivir con la chavalada, que por vergüenza ya no continúan estudiando, que además ya están viejas y que no se les pegaría nada. Entonces les digo que la discapacidad solo existe en nuestra mente, que ni el tiempo ni el espacio importa, porque sí se quiere, sí se puede el seguir estudiando, aprendiendo. Cada día aprendemos algo diferente, una palabra, un hecho, una acción. Aprendemos y es maravilloso el seguir aprendiendo. Ahorita a este mi tiempo y espacio, siento que me falta muchísimo por aprender y tengo apetito, tengo hambre de seguir aprendiendo” expresa.
“Con los más jóvenes quisiera tener una varita de virtud para tocarles la cabeza y abrirles el pensamiento, la inteligencia, la sabiduría para que entiendan que están empezando a vivir, que es un proceso que están pasando. Ojalá y lo entendieran, que sigan adelante, ya que es su futuro lo que viene. Aquí nos están dando las bases y fundamento para que sigamos adelante, para que ahora sí que como decía la abuela, que no escarmienten en cabeza ajena de lo malo que les puede suceder”.
“Que si el chamaco no estudió, que porque no quiso o le gustó más el dinero, se puede, también es válido, pero si hay la posibilidad de que puedan estudiar y que si van a trabajar en un trabajo en donde se les va a pagar, un ejemplo, mil pesos, barriendo calles, haciendo oficinas, limpiando casas, es un trabajo muy digno, claro que lo es y muy respetado, pero si pueden y tienen la posibilidad de ganar 5 mil pesos estando en una oficina, ¿por qué no optar por esa opción? Sigan estudiando, no se detengan, que va a haber pequeños o grandes problemitas entre compañeros, entre maestros, que no falta, pero que sigan estudiando, que no se detengan, es lo que yo les digo”.
“La prepa es un ratito nada más. Cierro los ojos y digo: ¡Caray!, parece que fue ayer y ya son casi tres años. Mucha gente me decía: Xochitl, van a ser tres años, de aquí entonces ya vas a salir con bastón. Yo les decía: no importa, así salga con bastón, yo voy a salir mi prepa. Ahora ellos que tienen toda la juventud por delante, les digo que no desperdicien las oportunidades, que de verdad si quieren pueden”, enfatiza.
“Aprovechen y agradezcan, porque hay mucha gente, muchas chamacas y chamacos que en realidad quieren estudiar y no pueden, ya sea porque no salieron en listas o porque no encuentran la manera, porque tienen que trabajar para mantener o agarrar el papel de papá o de mamá, de hermana mayor, mantener o ayudar a mantener a los hermanitos en vez de estar en una aula aprendiendo”.
Vázquez Martín Tiene tres hijos: dos damas y un varón, dos nietas que son su adoración. Los hijos le han dicho que ella es una inspiración. Aparte de ser ama de casa y estudiante, Xóchitl tiene un salón de belleza en donde aplica tintes, corta el cabello y hace peinados después de clases y los fines de semana.
“Tomamos el camión, llego a mi casa y en ocasiones ya hay personas esperándome para hacerles algún corte, tinte, peinado o empiezo directamente con la tarea. Aparte tengo que admitir y no me da pena porque es la realidad, soy más lenta que los chamacos, su capacidad de ellos a la mía es mucho muy diferente. ¿Qué es lo que hago? Terminar lo que no terminé en clase en el salón. Preparar de comer para continuar con la tarea. A veces que ya no puedo más, pero digo, ¿cómo no? Tengo que poder. Empiezo a darme energía. Inhala y exhala. Tú puedes. Demuestra que vas a ser el ejemplo de tus nietas”.
“A veces mis hijos se preocupan y me dicen: ey, cuidado, dónde pisas. Yo les respondo, no, cuídense ustedes porque el camino ya me lo sé. Entonces, tenemos que ver que sí se puede, que hay veces que ya no puedo, pero hacemos que se pueda”.
María Xóchitl Vázquez Martín, es una muestra de esfuerzo y dedicación, de empeño y trabajo honesto. Los docentes con los que compartió aula en la Preparatoria Regional de Tepatitlán la recordaran con cariño. La señora Xóchitl es un ejemplo de resiliencia y respeto. En un par de meses, su voz ronca ya no se escuchará en las aulas y pasillos de la Prepa Colosio, pero el recuerdo de una mujer que representa que la edad no es un impedimento para seguir adquiriendo conocimiento, quedará en ese plantel educativo.