Por: Julio Ríos l 19 de septiembre de 2026
Tepatitlán de Morelos.- El humo del tabaco flotaba denso en el aire del bar Cocktail, en el Tepatitlán de 1993. Una época en que se permitía fumar en interiores en los lugares de esparcimiento y el rock dominaba el gusto popular. Jorge Trujillo Corona junior, un joven que ya traía la música ya hirviendo en la sangre, pasó por su hermano Eduardo a la salida de una posada del Colegio Morelos, para ir al bar a escuchar en vivo a la banda más importante de la región: IV Imagen.
Apenas ingresaban al local y la escena se suspendió en un instante irrepetible: Hugo Valenzuela disparó los sintetizadores de «The Final Countdown», de Europe. La batería de Ismael González “Mailo” irrumpió como un mazo. La voz de Pepe Jiménez y el bajo de Cuco Pérez, completaban el combo.
A los hermanos Corona se le erizó la piel. Eduardo, con apenas doce años de edad, se quedó petrificado. «Esto es lo que quiero hacer en mi vida», le dijo a su hermano mayor. Después de la melodía de Europe, IV Imagen se siguió con “All the Love in The World”, de The Outfield y “Hold The Line”, de Toto. Rolas con un nivel de exigencia musical y complejidad técnica que no cualquiera logra emular.
Esa velada fue clave. A partir de ahí, todo cambió. Inspiró a ambos hermanos a vivir de la música y consolidar a una casta musical que haría historia en Tepatitlán y Los Altos de Jalisco: la Dinastía Trujillo.
El origen de una dinastía

La historia de los Trujillo no empezó en ese bar. Para comprenderla hay que regresar tres décadas en el tiempo, a inicios de los 60, en Guadalajara, donde el patriarca, Jorge Trujillo Corona padre, ya era una leyenda local del rock and roll.
«Mi papá empezó a principios de los 60, estuvo en los Tramps, un grupo que rivalizaba con los Spiders, banda que luego se volvieron un monstruo. Mi padre no era un niño rico, pero su talento lo puso ahí y se hizo de un nombre como músico”, recuerda Jorge Trujillo Corona junior.
Jorge Corona pasó por importantes proyectos musicales como los Surfers y los Creepers, llegando a tocar en los canales 4 y 6 de Televisa y en aquel Disneylandia tapatío olvidado llamado El País de Magusín.
«Mi papá estudió Contaduría Pública y, por invitación de un amigo, se vino a Tepa en enero del 74 y decidió dejar la música en forma para dedicarse a formar una familia. Seguía la bohemia con los amigos, pero no volvió a agarrar la guitarra hasta que mi hermano y yo empezamos con la cosquillita de querer tocar. Al inició no quería, pero terminó por volver a rascarle… poque eso ya se trae en el ADN», relata Jorge junior.
El Nacimiento de los Super Clásicos: Entre Tianguis y Templos
El debut de la familia Trujillo en el escenario ocurrió de manera casi accidental, o por «dioincidencias», como prefiere llamarlas Jorge. En un paseo por el baratillo de Guadalajara, se toparon con un hombre que vendía una Fender Stratocaster negra. “Ándale papá cómprala”. Al inició se negó, pero tras cruzarse con él varias veces en los pasillos del tianguis, el padre finalmente cedió y la compró.
«En diciembre, el Niño Dios me trajo a mí una batería y a Eduardo un teclado que hasta la fecha odia, porque él quería la guitarra», recuerda Jorge entre risas. Y así comenzaron a ensayar en casa y a armar un pequeño repertorio. Mejor maestro de música no podrían haber tenido, no solo por el talento, sino la paciencia con la que les transmitió los conocimientos que fueron el cimiento de su carrera.

Fue así como el 25 de junio de 1996 nacieron formalmente los Super Clásicos. El debut no fue en un bar de luces de neón, sino en las fiestas de la iglesia de San Pedro Apostol en Jardines de Tepa. Cada noviembre se realizaban fiestas patronales y una venta de antojitos mexicanos, con el objetivo de reunir fondos para la construcción del templo y se invitaba a agrupaciones musicales para amenizar.
La invitación a participar en esas fiestas patronales la hizo el doctor Rodolfo Vargas, quien estaba muy involucrado con las actividades de la iglesia y ya había escuchado la música de los ensayos que salía por las ventanas de la casa de los Trujillo. De hecho el galeno se aventó un «palomazo».
La alineación original era pura dinamita familiar y local: Jorge padre en la guitarra, Eduardo en la segunda guitarra y teclados, Chuy Ramírez en el bajo, el Maylo (sí, el mismo de IV Imagen) en la batería y Jorge Junior, al frente, descubriendo su verdadera vocación: la de frontman.
El debut ocurrió en condiciones peculiares, ya que el templo estaba en obra negra; Jorge Trujillo Jr. describe el lugar como un «cascarón» con piso de tierra, donde el grupo utilizó el área destinada al altar como escenario para su presentación.

En su debut, el grupo se enfocó exclusivamente en el rock and roll de los años 60. Jorge destaca que interpretaban muchas canciones de Enrique Guzmán, las cuales requerían un estilo de batería de orquesta, razón adicional por la cual contaron con el Mailo para esa primera presentación.
–«Desde entonces, aunque luego hubo una época en la que me hice cargo de la batería, yo me considero más un frontman. Soy más de estar al frente, de interactuar con la gente, más que un buen cantante o baterista. Me fascina, te lo juro que eso me encanta hacerlo».
Pronto, los Super Clásicos se convirtieron en un referente del rock and roll en la región. Con temas desde Enrique Guzmán, pasando por The Beatles, The Doors, Creedence, Santana, entre otros. La banda fue mutando; se integró su hermana Claudia Lorena Trujillo Corona en el bajo y luego Cecilia Martínez Barbosa, quien también era actriz e integrante del legendario Grupo de Teatro Arlequín, que triunfó en Cuba bajo la dirección del profesor Chuy López. La presencia escénica de Cecilia ayudó a la familia a soltarse más en el escenario.

Fueron cuatro años maravillosos, hasta que en el año 2000, en una boda en el restaurante propiedad del cantante ranchero, Vicente Fernández, se realizó la despedida oficial de los Super Clásicos. En aquella ocasión contaron con la participación de músicos invitados, como varios percusionistas que tocaban con Alejandro Fernández, célebre hijo del “Charro de Huentitán” y quienes se aventaron el palomazo con rolas de Carlos Santana.
La época de La Cruzada
Los Super Clásicos se disolvieron, pero la antorcha ya había pasado a la siguiente generación. Jorge Jr. se integraría pronto a La Cruzada, abriéndole conciertos a Tierra Cero y Kairo, pero esa es otra historia de esta dinastía que se niega a dejar de sonar.
La Cruzada fue un grupo muy importante, del que poco se ha escrito, pero que incluso grabó profesionalmente un álbum y colocó algunos sencillos en las radios locales. Fueron los herederos directos del legado de IV Imagen, una banda que existió a finales de los 80´s y toda la década de los 90, y que terminó disolviéndose en el año 2000. Es la misma banda que cautivó a los hermanos Trujillo en su adolescencia, y de quienes Jorge admite que fueron sus primeros ídolos musicales.
Fue así como la estafeta del rock en Tepatitlán fue recogida por La Cruzada alrededor del año 2000. Jorge se integró a esta formación donde militaban el vocalista Armando Martín, Sergio de la Torre y Manuel Jiménez, mejor conocido como «El Papel».
En aquel entonces, el núcleo de la Feria Tepabril se mudó a la Unidad Deportiva “El Pipón”. Iniciaba el Siglo XXI en Los Altos y con ello, más apertura musical, y por supuesto, muchos contrastes: los rockeros alteños compartiendo escenario con las boy bands del momento.
«Precisamente en Tepabril nos tocó abrirle ni más ni menos que al grupo Kairo, un grupo que ya nadie recuerda y que eran como Magneto o Mercurio, un grupo de galanes poperos. Y bueno, había muchísima gente, tenían bastantes fans. Pero no cantaban nada los cuates, apenas si articulaban palabra, pero nosotros aprovechamos y la verdad nos iba muy bien con el público” recuerda Jorge Trujillo junior.
La banda se volvió un pilar en sitios emblemáticos como el bar Panchos y, más tarde, en la legendaria Cuca y por supuesto no tardaron en conquistar el resto de los municipios alteños.
Sin embargo, hacia el 2006, el aire en Tepa empezó a cambiar. El rock, que había sido el rey de los viernes por la noche, comenzó a ser desplazado por el norteño y la banda. «Incluso la Cuca empezó ya a meter bandas… ya nos ponían cada tercer semana del mes y la chamba comenzó a escasear», recuerda Jorge.
–¿Sientes que esa etapa en La Cruzada fue el último gran aliento del rock en Tepa antes de la hegemonía de la banda? – le pregunté
–«Totalmente. Primero fue como si IV Imagen nos pasara la antorcha y nosotros tratamos de mantenerla encendida lo más posible. Pero cuando vimos que ya hasta nosotros mismos estábamos intentando tocar norteño y no nos salía, dije: ‘Yo ya me voy’.
La música dejó de ser ese espacio de libertad para volverse una lucha contra la corriente. Fue así que Jorge Trujillo junior colgó las baquetas por una década para probar suerte como director técnico de fútbol. Estudió la carrera universitaria y obtuvo el título, para luego trabajar en varios equipos de divisiones inferiores o en fuerzas básicas de Chivas y América.
La reinvención: The Crooners y el sueño americano en Ajijic

Los laberintos del futbol mexicano parecen reservados solo para quienes tienen alguna palanca o parentesco con ex jugadores o ex técnicos. Así que luego de picar piedra en varias instituciones del balompié profesional, Jorge regresó en el año 2016 a su origen: la música.
“Había que buscar una nueva actividad. Y un buen día le dije a mi hermano Eduardo. Oye, pues vámonos a Chapala, a Ajijic, allá hay mucho bar. Cantamos a dueto y seguro nos va bien. Y así, a la brava, nos lanzamos ese fin de semana. En ningún lugar nos dejaron tocar, pero un dueño de un restaurant nos dijo: hoy no hay lugar pero vénganse a cantar el próximo 2 de julio, no olvidaré la fecha”
Así comenzó todo para The Crooners. Desde la primera ocasión, el público americano de Chapala se enamoró del talento de los hermanos Trujillo y los arroparon como suyos, al grado de que ya no solo se presentan en la zona ribereña, sino que se han extendido a otras ciudades de México o a importantes foros como el Teatro Degollado y en ocasiones han sido invitados a compartir su arte musical para eventos de beneficiencia en Estados Unidos.
-¿Por qué The Crooners?
-«El gringo del bar nos bautizó así. You are the crooners, nos dijo. Porque los crooners eran los cantantes de jazz, de música muy de la época de los años 20 y 30, que eran elegantes, que cantaban susurrando pero con una voz muy educada, casi todos barítonos. Frank Sinatra fue el crooner más famoso, pero también Tonny Bennet o Bing Crosby, y muchos más. Y pues bueno, si dicen que somos The Crooners, seremos The Crooners, dijimos.

La historia y actualidad de The Crooners merece un texto aparte que pronto publicaremos. Cuentan ya con un repertorio cada vez más amplio que ya trasciende al género original con el que comenzaron (últimamente han incorporado melodías del baladista mexicano por excelencia, José José y de representantes de la música vernácula) y han diseñado shows en los que pueden ir acompañados de más músicos. La suya, se trata ahora de una auténtica experiencia de entretenimiento con altísimo nivel. The Crooners, con su madurez artística han encontrado el equilibrio perfecto para conectar con las emociones de quienes buscan, en una canción, una máquina del tiempo.
“Es lo más bonito, cuando alguna persona, una pareja se acerca y nos dice casi llorando: esa canción la bailé en mi boda en los años 50, 60…. Me has regresado a ese momento con mi esposa. Muchas gracias. Por que la música es la mejor máquina del tiempo”, dice Jorge.
La música es talento y terquedad

La historia de The Crooners no puede entenderse sin la figura de su padre, Jorge Trujillo Corona señor. Una auténtica leyenda de la música tepatitlense que, como relatamos al inicio, formó parte de proyectos que rivalizaban con los míticos Spiders, banda fundamental en el desarrollo del rock en el occidente del país.
A esa herencia se suma el reconocimiento de Jorge Trujillo junior hacia el legado de IV Imagen, agrupación que marcó a generaciones de artistas locales: “Musicalmente hablando no ha habido un grupo como ellos, a Pepe Jiménez lo podemos poner en un altar como el mejor cantante que ha dado la región; lástima que no hubo circunstancias para que trascendieran fronteras”, reflexiona.

Los hermanos Trujillo también han expandido sus horizontes con Blue Cadillac, proyecto donde comparten escenario con talentosos músicos locales, explorando distintos subgéneros del rock en inglés y español.
-¿Cómo ves el panorama actual de la música en Tepatitlán, en Los Altos?
-Sin duda viene una nueva generación de músicos más estudiados, eso es bueno. Hay además mayor facilidad de aprender, antes nosotros ni internet teníamos, aprendíamos de oído. Hay mucho talento, pero lo que siento que falta es infraestructura y que valoremos ese talento. No todos los lugares no están adecuados para la música, a veces ponen a la banda a tocar en una orilla como gancho para vender cerveza y hay gente que quiere que sea gratis, y los músicos también comemos. Nosotros afortunadamente hemos encontrado espacios y promotores que nos han tratado y nos tratan muy bien. Pero creo que hay que ver que todos los músicos les vaya mejor. En Tepa, el músico local cobra apenas una fracción de lo que se paga en Guadalajara, y el concepto de cover sigue siendo un tabú. Yo creo que la música en Tepa necesita una revolución. El trabajo del músico tiene que ser valorado».
Mientras tanto, la Dinastía Trujillo continúa refrendando su prosapia en la historia musical de la región. Porque como lo dijo el mismo Jorge en la entrevista: la música es talento y terquedad. Gracias a esa mezcla de pasión y resistencia los Trujillo nunca se rinden y afortunadamente nos siguen regalando su arte e inspiración.


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