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Crónica viva de la belleza tepatitlense: el legado de las reinas | ESPECIAL

(1921 – 2026: más de un siglo de historia, orgullo y tradición)

Por Oscar Miguel Rivera Hernández l 15 de abril de 2026

Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a Norberto Servín González, Cronista de Patrimonio Municipal, cuyo trabajo minucioso y amor por la historia de Tepatitlán ha hecho posible esta crónica. Gracias a sus investigaciones y a los textos que tan generosamente compartió, hoy podemos recorrer con fidelidad el camino de más de cien años de reinas, desde Clementina hasta Jessica, y honrar así la memoria viva de nuestra tradición.

Corría el año de 1921 cuando Clementina Gutiérrez Rivera recibió la primera corona. Nadie imaginaba entonces, en aquella Villa que aún recordaba los ecos de la Revolución Mexicana, que aquel sencillo gesto marcaría el comienzo de una tradición centenaria. Clementina fue la primera, pero no la última. Desde ese día, las reinas de Tepatitlán dejaron de ser solo figuras de un certamen para convertirse en el espejo vivo del alma alteña.

Sin embargo, para entender la grandeza de estas mujeres y el peso de la corona, es necesario remontarse a mucho antes. La historia de Tepatitlán no se entiende sin su fe. Corría el 24 de octubre de 1840 cuando, desde el Rancho El Durazno, llegó la imagen milagrosa del Señor de la Misericordia. Junto a él, desde el Rancho El Aguacate, vino el Señor de los Afligidos. Ambos Cristos fueron tallados por el mismo escultor y bendecidos por el presbítero Eutimio. Aquellos dos crucifijos, providencialmente delineados en troncos, unieron para siempre la devoción religiosa y el espíritu festivo en el corazón del pueblo.

Doce años después, en 1852, al consagrarse el santuario del Señor de la Misericordia, las celebraciones se volvieron memorables. Familias enteras llegaban de todas las rancherías vecinas. Solo la Guerra Cristera, con su violencia y sus sombras, logró interrumpir aquellas fiestas. Pero al terminar el conflicto, la devoción regresó con más fuerza que nunca. Los tepatitlenses habían aprendido que sus tradiciones eran más fuertes que cualquier bala.

Durante muchas décadas, las fiestas patrias y las religiosas caminaron por senderos separados. Por un lado, los festejos del 16 de septiembre, con su patriotismo encendido; por el otro, las celebraciones dedicadas a San Francisco de Asís y después al Señor de la Misericordia, con su fervor ancestral. Pero todo cambió en los años setenta. El presidente municipal, don Jesús Muñoz Hernández, tuvo una ocurrencia brillante: fusionar en el mes de abril la conmemoración de la Independencia con la veneración al Señor de la Misericordia. Así nació Tepabril, y con ella, el escenario perfecto donde el certamen de belleza encontraría su hogar definitivo.

Pero mucho antes de que Tepabril existiera, las reinas ya tejían su propia historia. Tras el reinado de Clementina Gutiérrez Rivera, pasaron varios años de silencio en los registros. No fue sino hasta 1929, después de la Revolución Cristera, que Ana María Padilla Vallejo se alzó como la primera soberana de la posguerra. Fue don Salvador Padilla Aldrete, junto con un grupo de distinguidos vecinos, quien impulsó su coronación para devolverle al pueblo una razón para unirse y celebrar. Tepatitlán necesitaba volver a sonreír, y Ana María fue la chispa que encendió la alegría.

Ana María Padilla Vallejo 1929.   Foto: Especial
Ana María Padilla Vallejo 1929. Foto: Especial

Cuatro años más tarde, en 1933, María Dolores Padilla Ramírez fue coronada en una ceremonia que la gente aún recuerda como especialmente emotiva. La noche del 15 de septiembre, mientras todo México celebraba el Grito de Independencia, Tepatitlán coronaba a su reina con una fiesta que llenó de luz las calles empedradas. Desde el principio, María Dolores fue la favorita del pueblo. Su sonrisa y su sencillez le ganaron el cariño de todos. Aquella noche, las campanas de la Parroquia no solo celebraron a la Patria, sino también el renacer de una comunidad que volvía a mirarse al espejo de sus costumbres.

María Dolores Padilla Ramírez 1933.    Foto: Especial
María Dolores Padilla Ramírez 1933. Foto: Especial

Con el paso de los años, el certamen fue evolucionando. Dejó de ser solo un concurso de belleza para convertirse en una prueba más completa, donde se valoraba la inteligencia, el talento, la seguridad y el carácter. Las mujeres alteñas comenzaron a demostrar que tenían mucho más que un rostro bonito. Eran mujeres de convicción, de palabra firme y de corazón generoso.

Prueba de ello son las bellezas que han llevado el nombre de Tepatitlán a lo más alto. En 1983, Ana Bertha Padilla Gómez lució con orgullo la corona de Señorita Región de los Altos. Años después, Ana María Barba Cervantes logró algo que pocas habían conseguido: representar a Jalisco como Señorita Jalisco y luego obtener el quinto lugar en el certamen nacional Señorita México. En 1994, otra joven talentosa, Georgina, también portó la corona de Señorita Región de los Altos. En el año 2001, Dora Jannette Loza González obtuvo el segundo lugar en el Certamen Señorita Jalisco y fue nombrada Embajadora del Mariachi, llevando la música y la tradición mexicana a otros horizontes.

Pero quizás uno de los nombres más brillantes en esta historia es el de María Guadalupe González Gallegos. Su carrera es impresionante. En 2005, tras ser coronada Señorita Tepabril, conquistó el título de Señorita Turismo Región de los Altos. En 2007 llegó a Nuestra Belleza Jalisco. En 2008 fue suplente de Nuestra Belleza México y ese mismo año compitió nada menos que como Miss Continente Americano. Una trayectoria que puso a Tepatitlán en el mapa nacional del certamen y que inspiró a muchas jóvenes a seguir sus pasos.

Durante muchísimos años, solo las candidatas de la cabecera municipal lograban alzarse con la corona. Parecía una regla no escrita. Pero todo cambió radicalmente en 2023. Ese año, Carolina Paredes Carranza, originaria de Capilla de Guadalupe, una delegación de Tepatitlán, se convirtió en la primera reina proveniente de una comunidad rural. Esa noche, con la mirada brillante y la voz entrecortada por la emoción, Carolina dijo unas palabras que después resultarían proféticas: «Estoy agradecida con cada uno de los que me apoyó. Cumplí uno de los tantos sueños que tengo y es el comienzo«. Sin saberlo, aquella joven de Capilla de Guadalupe estaba abriendo una puerta que otras cruzarían después.

Y así fue. Al año siguiente, en 2024, Nataly Vera Martín, de la delegación de Pegueros, repitió la hazaña. Nataly ya había sido Señorita Pegueros en 2023, y al ganar Señorita Tepabril 2024, también se llevó la corona de Señorita Turismo Región de los Altos 2024. La corona ya no se quedaba en el centro; había viajado a las delegaciones, demostrando que el talento, la belleza y el carácter están repartidos por todo el municipio, desde las rancherías más apartadas hasta la cabecera.

Hoy, en el año 2025, Jessica Hernández Orozco, originaria de San José de Gracia, otra delegación de Tepatitlán, es la actual reina. Con orgullo representa a su terruño y a todas las mujeres alteñas que, a lo largo de más de cien años, han llevado el nombre del municipio en alto. Jessica ha sido una reina cercana, trabajadora y llena de gracia, que ha sabido ganarse el cariño de la gente en cada desfile, en cada visita y en cada evento.

Pero el tiempo no se detiene, y el relevo está por llegar. El próximo 16 de abril de 2026, en una ceremonia que promete ser inolvidable, llena de luces, música, emociones y tradición, Jessica Hernández Orozco entregará el cetro y la corona a una de las seis jóvenes aspirantes que buscan el título de Señorita Tepabril 2026. Ellas son: Astrid Alcalá Bautista, Fátima Guadalupe Martín Camarena, Andrea Galindo Medina, Ángela Rubí Loza Jiménez, María de Lourdes Hernández Luna y Melanie Paola Torres García.

Seis nombres, seis historias distintas, seis sueños compartidos. Detrás de cada uno de esos nombres hay una familia que apoya, un pueblo que espera y una joven que ha ensayado incontables horas para estar a la altura del compromiso. Durante semanas, estas seis candidatas han participado en talleres, sesiones de fotos, presentaciones y actividades comunitarias. Han caminado por la pasarela con el corazón acelerado, han respondido preguntas difíciles ante el jurado y han compartido con sus compañeras momentos de nervios, risas y verdadera hermandad.

La expectativa crece cada día en las calles de Tepatitlán. En los mercados, en las plazas, en las redes sociales y en las tertulias familiares, todos se preguntan lo mismo: ¿Ganará alguien de la cabecera municipal, rompiendo la racha de las delegaciones, o volverá el cetro a una comunidad rural? El misterio forma parte del encanto de esta tradición. Nadie lo sabe a ciencia cierta, y eso es precisamente lo que hace que la noche del 16 de abril sea tan especial.

Lo que sí es seguro es que esta tradición, que comenzó humildemente con Clementina Gutiérrez Rivera en 1921 y que hoy tiene en Jessica Hernández Orozco a su más reciente heredera, seguirá viva mientras haya mujeres dispuestas a representar a su tierra con carácter, inteligencia y corazón. No se trata solo de una corona de brillantes o una banda de satén. Se trata de llevar el nombre de Tepatitlán en el pecho, de ser un ejemplo para las niñas que las ven desde las gradas y de mantener viva una costumbre que ha unido a familias enteras durante generaciones.

Porque más allá de la corona, la banda y el cetro, las reinas de Tepatitlán son el reflejo más fiel de un pueblo orgulloso de sus raíces, fiel a sus costumbres y siempre dispuesto a celebrar la grandeza de sus mujeres. La historia continúa escribiéndose. El próximo 16 de abril de 2026, una nueva reina escribirá su nombre junto al de las que ya han dejado huella en esta crónica viva. Y Tepatitlán, una vez más, se vestirá de gala, encenderá sus luces, afinará sus mariachis y abrirá sus brazos para recibirla.

Que la mejor candidata gane. Y que la tradición, por muchos años más, siga iluminando el camino de las mujeres alteñas.

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