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La última batalla por nuestra soberanía: la trampa del T-MEC | OPINIÓN

Por Oscar Miguel Rivera Hernández | 19 de enero de 2026

Lo que está pasando no es un juego político. Es algo más grave. Desde 1847, cuando Estados Unidos invadió nuestro territorio, no habíamos visto una amenaza tan directa contra nuestra soberanía. Ahora, bajo la sombra del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), se prepara un golpe que podría cambiar para siempre el destino de nuestra nación.

Donald Trump, alentado por su intervención en Venezuela, ha puesto la mira en México y sus palabras en Fox News no son solo bravuconadas, son una declaración de guerra comercial y la fecha clave, sería el 1 de julio de 2026. Ese día, la revisión del T-MEC no será una negociación entre socios. Será una ejecución pública. Un intento de dominación disfrazado de cláusulas legales.

Pero Washington no espera hasta entonces. Ya está moviendo sus piezas. Mientras México se debate en problemas internos, Estados Unidos actúa con precisión. Su Cámara de Comercio ya dio la orden, que sería llevar a México ante un panel por el tema energético. Su argumento es sencillo y aterrador; según ellos, nuestro petróleo, nuestra electricidad, nuestros hidrocarburos, no son realmente nuestros. Alegan que el T-MEC está por encima de nuestra Constitución.

Un republicano y un demócrata (para que nadie diga que es cosa de un solo partido) presentaron el proyecto de ley. El Congreso estadounidense lo aprobó. Hoy es ley y pueden obligar a México a ceder sus recursos energéticos. ¿Se entiende la gravedad? Una nación extranjera aprueba una ley para obligar a otra a entregar lo más valioso que tiene: sus recursos estratégicos, y lo hace con la complicidad de mexicanos que siempre han servido a intereses ajenos.

En diciembre del año pasado, perdimos un panel sobre el maíz transgénico. Poco se habló de ello, pero el resultado fue claro: ahora tenemos que aceptar ese maíz, aunque nuestras pruebas muestren sus daños, aunque nuestra ciencia lo cuestione, aunque tengamos el derecho de decidir qué entra a nuestro país. ¿Por qué perdimos? Porque en estos paneles, el poder es la única ley. No hay derecho internacional justo. No hay imparcialidad. Solo el interés del más fuerte, disfrazado de procedimiento legal.

Ahora quieren aplicar la misma fórmula con nuestra energía. Quieren que paneles, donde ellos tienen todo el poder, decidan que Pemex y la CFE son monopolios injustos. Que nuestros recursos deben abrirse a sus empresas. Que la reforma energética de 2013, esa que tanto daño nos hizo, debe volver por la puerta trasera del T-MEC.

Trump habla de drogas, de migración, de aranceles. Pero son cortinas de humo. Lo que realmente quiere es el control total sobre nuestros recursos naturales, como nuestro litio, nuestra agua, nuestro petróleo. Quieren que México reemplace a China como su taller de ensamblaje, pero más barato y más controlado. Quieren que nuestra Constitución de 1917, que recuperó para la nación lo que es de la nación, sea letra muerta frente a un tratado comercial.

La reforma de 2013, impulsada por Peña Nieto con el apoyo de todos los partidos, fue el primer paso. Fue cumplir órdenes de Washington. La revertimos en un acto de soberanía, y ahora quieren darle la vuelta por medio del T-MEC.

Esto no es solo economía y Estados Unidos acaba de demostrar en Venezuela que la Doctrina Monroe sigue viva, pero con armas del siglo XXI, donde se permiten invadir, capturar presidentes y cambiar gobiernos cuando les plazca.

México no es Venezuela. Tenemos algo que Venezuela nunca tuvo, ya que somos el corazón del sistema productivo norteamericano. El 80% de nuestras exportaciones van a Estados Unidos, pero también somos su primer socio comercial desde 2023, más que China, más que Europa. Esta interdependencia es nuestra arma, pero no nos hace vulnerables, pero también a ellos, Wall Street lo sabe, hay pánico en los mercados cada vez que Trump amenaza. Porque los dueños de aerolíneas, hoteles y fábricas entienden algo fundamental: si México se para, Estados Unidos se para.

Aceptamos el T-MEC en los términos de Trump. Mantenemos prosperidad económica, pero perdemos toda soberanía estratégica. Nos convertimos en un Puerto Rico con petróleo.

Entramos en un proceso de años donde Washington nos aprieta poco a poco hasta sacarnos lo mismo que en el primer escenario. El tratado entra en revisiones anuales, vivimos en chantaje constante y nuestra economía se debilita.

Ruptura unilateral. Alguien se sale del tratado, el comercio colapsa y caemos en una recesión brutal, pero recuperamos autonomía.

Hay un quinto escenario, el más peligroso para Washington, que México diga no, obviamente un no estratégico, un no que active nuestros vínculos con otros bloques, como China, con Europa, con el mundo que ya no obedece a un solo amo.

México debe liderar un bloque latinoamericano verdaderamente autónomo, no ser satélite de Washington ni de Beijing, ser nosotros mismos, con nuestra historia de 6,000 años de civilización. Necesitamos sistemas de pago regionales, cadenas de producción intrarregionales, una política exterior que negocie de igual a igual, no de rodillas.

Los negociadores que enfrentarán a Trump en julio deben ser patriotas. No pueden ser los mismos que antes entregaron el país. Debemos asegurarnos de que no negocien lo que no es negociable; como nuestra soberanía energética, nuestros minerales estratégicos, nuestra agua.

¿Qué somos? ¿Herederos de Juárez, de Cárdenas, de quienes defendieron la patria contra intereses extranjeros? ¿O vamos a ser la generación que entregó lo último que nos queda de soberanía a cambio de un poco de prosperidad temporal?

Los tratados comerciales pasan. Las constituciones se reforman. Pero la dignidad nacional, una vez perdida, no se recupera en siglos.

Estados Unidos prepara su golpe. Nos distrae con amenazas de aranceles y operativos antinarco. Pero su objetivo final es el control total de nuestros recursos.

Hay que defender la soberanía. Ni un paso atrás en energía. Ni un panel que decida sobre lo nuestro. Ni una cláusula en el T-MEC que nos ate de manos para siempre.

La batalla por México no será en julio. La batalla por México es ahora. En la conciencia de cada mexicano que entienda que, sin soberanía, no hay patria que valga la pena.

Mientras esto ocurre, Canadá ha dado un paso que cambiará todo. Su primer ministro, Mark Carney, viajó a China y firmó un acuerdo: 50,000 vehículos eléctricos chinos entrarán a Canadá con aranceles bajos, a cambio de que China reduzca impuestos a productos como la canola. Es un movimiento audaz. Un desafío directo a Trump.

Trump respondió: «Si puedes conseguir un acuerdo con China, deberías hacerlo», pero detrás de esa aparente tranquilidad, hay una tormenta por venir. Canadá está diversificando sus socios comerciales, reduciendo su dependencia de Estados Unidos. Y eso tendrá consecuencias para el T-MEC.

México debe tomar en cuenta lo que hizo Canadá, quien ya tomó un camino y nosotros debemos definir el nuestro, ya que no podemos seguir atados a un tratado donde nuestros socios actúan por separado. La semana entrante inician las negociaciones tripartitas y es muy probable que Estados Unidos separe las conversaciones; una con Canadá, otra con México.

Nuestra relación con Estados Unidos es más profunda y comprometida que la de Canadá, México desplazó a China como principal socio comercial de Estados Unidos, lo que nos da fuerza, pero también nos hace más vulnerables si no se actúa con inteligencia.

Mientras, Trump sigue presionando a través de Marco Rubio, exige «resultados significativos» en el combate al narcotráfico, pero es una presión constante; aprietan, sueltan, vuelven a apretar. La presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con firmeza; es una responsabilidad compartida, México ha incautado 320 toneladas de drogas, reducido los homicidios dolosos en 40% y disminuido el flujo de fentanilo a Estados Unidos en 50%. Pero también exige que Estados Unidos reduzca el tráfico de armas hacia México y combata el lavado de dinero en su territorio.

El T-MEC es una trampa. Bajo la máscara del libre comercio, se esconde un intento de dominación. Estados Unidos quiere nuestros recursos, nuestro territorio económico y nuestra soberanía. Canadá, por su parte, ya está buscando alternativas.

México no puede quedarse quieto. Debemos prepararnos para decir no si es necesario. Debemos fortalecer lazos con otros bloques comerciales. Debemos construir una América Latina unida y autónoma.

La batalla no es solo comercial, es cultural, histórica, existencial y somos herederos de una civilización milenaria, no podemos permitir que un tratado nos convierta en colonia del siglo XXI.

El tiempo se agota y la montaña rusa se acelera, pero en nuestras manos está la decisión; ser dueños de nuestro destino, o ser espectadores de nuestra propia rendición.

La soberanía no se negocia. Se defiende. Y esa defensa comienza hoy.

Kiosco Informativo respeta y defiende el derecho a la libre expresión. Las opiniones emitidas en Plaza Pública son únicamente responsabilidad de los columnistas.

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