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Corrupción de alto nivel: el huachicol fiscal mancha a la Marina | OPINIÓN

Por : Oscar Miguel Rivera Hernández | 16 de septiembre de 2025

Todos recordamos cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador, mostró un pañuelo blanco. Según él, ese paño era una señal de que se había acabado el robo de gasolina, a lo que se le llamamos “huachicol”. Nos hicieron pensar que lo más difícil ya estaba hecho. Pero el tiempo pasó y ahora vemos que las cosas no eran así. La corrupción no se acabó, sólo se cambió de ropa. Se puso un traje elegante y se escondió en una oficina, lejos de las tuberías y los bidones. Se transformó en algo más grande, más inteligente.

Mientras nos decían que miráramos a un lado, hacia los huachicoleros comunes, el robo de combustible no paró. Al contrario, nació una nueva forma. Esta nueva variante no usa mangueras clandestinas en el campo; usa grandes barcos en los puertos. La hacen almirantes, jueces y empresarios. A este nuevo tipo de robo le llaman el “huachicol fiscal”.

La idea, aunque en la práctica es complicada, es muy simple. Grupos de personas poderosas, que tenían contactos dentro del gobierno –especialmente en la Marina y en las aduanas–, traían enormes barcos llenos de diésel y gasolina. Pero en los papeles oficiales, ellos no declaraban que traían gasolina. En lugar de eso, escribían que su carga era “lubricante para motores” o “aditivos químicos”. La respuesta está en los impuestos.

La gasolina y el diésel que usamos todos los días tienen un impuesto muy alto que se llama IEPS. Por cada litro de diésel que se vende de forma legal, el gobierno cobra aproximadamente $6.50 pesos de impuesto. Por la gasolina magna, se pagan casi $6 pesos.

Al decir que su carga era “lubricante” en lugar de “diésel”, no pagaban ese impuesto. Le mentían al sistema. Engañaban a todo el país. Un barco petrolero de tamaño normal puede cargar fácilmente 10 millones de litros de diésel. Si no pagan los $6.50 de impuesto por cada litro, el robo al país es de 65 millones de pesos ¡en un solo viaje! Ahora, si ese mismo barco hace 15 viajes en un año, la cifra se acerca a los mil millones de pesos y eso por un solo barco. Imagínense decenas de barcos haciendo lo mismo. El robo es de un tamaño monstruoso, difícil de pensar.

¿Quién estaba detrás de todo esto? El centro de esta red, según las investigaciones que han presentado, está dentro de la Marina Armada de México. Se señala al vicealmirante Roberto Farías Laguna y a su hermano, el contralmirante Fernando Farías Laguna, como los jefes de toda esta operación. Desde sus puestos de alto mando, ellos controlaban los ascensos y los puestos de trabajo. Ponían a su gente en lugares claves dentro de las aduanas de los puertos más importantes del país. Eran ellos quienes daban la orden de abrir la puerta a los barcos fantasma con su carga.

Pero no estaban solos. Tenían una red de amigos que les ayudaban. Capitanes de barco como Climaco Aldape y Humberto López Arellano manipulaban los permisos y los papeles para que todo pareciera legal. También había un exjuez, Anuar González Hemadi (famoso por el caso de “Los Porkys”), que trabajaba como abogado para las empresas de mentira que movían el combustible. Empresarios creaban compañías con nombres que sonaban bien, como “Grupo Alcampo Agroindustrias” o “Mefra Fletes”, para darle una apariencia de legalidad a toda la operación. Todo parecía correcto en el papel, pero detrás de esos papeles había una mentira gigantesca.

Cuando algunas personas dentro de la Marina y la Fiscalía comenzaron a preguntar y a hablar, empezaron a morir.

El contralmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar escribió una carta a sus jefes. En ella, denunciaba cómo los hermanos Farías manejaban las aduanas como si fuera su propio negocio personal. Lo balearon en noviembre de 2024 en Manzanillo.

Después le tocó a Magaly Navarrete, una funcionaria de la Fiscalía que ayudaba en la investigación. También la ejecutaron. Mataron también al delegado de la Fiscalía en Tamaulipas, Ernesto Vázquez, justo después de que él hubiera decomisado más de dos millones de litros de combustible ilegal. Un capitán apareció “suicidado” y el hombre que lo reemplazó murió en un “accidente de tiro”. Algunos periodistas le han llamado a esta ola de violencia un “plan de jubilación”, un retiro forzado y permanente para aquel que sepa demasiado.

Estas muertes nos demuestran una cosa muy clara, esta red de criminales no sólo quería robar dinero; estaba completamente dispuesta a matar para proteger su negocio de millones de pesos. La corrupción ya no era sólo robar; era acabar con la vida de aquellos que se interpongan.

Todo esto estaba pasando justo en el momento en que el gobierno anterior presumía por todos lados que había acabado con la corrupción ¿cómo era posible que una red tan grande, que movía barcos enteros y que involucraba a mandos tan altos, pudiera operar sin que nadie se diera cuenta?

El mismo expresidente dijo una vez, palabras más, palabras menos; “Nada de que el presidente no sabía, no se enteraba, lo engañaban… las transas grandes llevan el visto bueno del presidente, aunque no firme, las tolera, las permite”. ¿Dónde quedó esta frase y el pañuelo blanco? Es muy difícil de creer que un negocio de billones de pesos, que necesitaba abrir las puertas de los puertos más importantes del país, pudiera funcionar sin que alguien en los niveles más altos del poder lo permitiera.

El “huachicol fiscal” es la prueba más clara de que la corrupción no se muere, se recicla, se adapta y se esconde detrás de escritorios lujosos y uniformes con muchas medallas. Nos hicieron enfocar nuestra atención en el ladrón pequeño, el de la carretera con su cubeta, para que no viéramos al ladrón grande, el del puerto con su barco y su corbata.

¿Y ahora qué sigue? La nueva administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha reaccionado. Ya ha habido detenciones de varios marinos, empresarios y del exjuez involucrado. Se promete que no habrá impunidad, que se hará justicia. Esto es un muy buen primer paso, sin duda, pero no es suficiente.

El verdadero desafío, el reto más grande, es cambiar el sistema que permitió que esto pasara. Un sistema donde unos cuantos, desde dentro del gobierno, pueden usar su poder para volverse brutalmente ricos a costa de todos los mexicanos. Un sistema donde decir la verdad puede costarte la vida. Un sistema donde un símbolo de honestidad, como un paño blanco, puede ser manchado tan fácilmente por la avaricia y la ambición.

Como ciudadanos, nuestro trabajo es muy importante. Es no olvidar. No dejar que esta noticia pase como una más entre muchas. Es exigir, con nuestra voz, que las investigaciones lleguen hasta el final, sin proteger a nadie, sin importar qué tan importante o poderoso sea. Es preguntarnos cada día: si el robo era tan grande y la sangre derramada tan evidente, ¿cómo pudo pasar ante las narices de todos?El huachicol de cuello blanco ha manchado instituciones que deberían representar honor y protección.

Y lo más grave de todo, es que ya cobró vidas. La verdadera honestidad no se muestra con un pañuelo, sino con acciones concretas, con justicia real y con hacer que los culpables, todos sin excepción, paguen.

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