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Desinformación en primera plana: el proyecto real de la oposición | OPINIÓN

Oscar Miguel Rivera Hernández  | 27 de agosto de 2025

Durante mucho tiempo, en México gobernó un solo grupo. Por décadas, un proyecto neoliberal, que empezó a echar raíces fuertes en los años ochenta, decidió el rumbo del país. Este modelo prometía crecimiento económico a través de recetas simples; donde el gobierno debía alejarse de la economía, vender las empresas públicas al mejor postor a precios ridículos, abrir las puertas al comercio exterior y quitarle las reglas al mercado. Se nos dijo que así vendría la riqueza.

Pero la promesa fue una mentira a medias. Sí, hubo crecimiento para unos cuantos. Para la mayoría, lo que creció fue la pobreza, la desigualdad y la desesperanza. La brecha entre los que todo lo tienen y los que no tenemos nada, se hizo más ancha y más profunda. Ese era el México de antes.

En esos tiempos, decir lo que uno pensaba era un lujo peligroso. Los grandes medios de comunicación estaban en manos de los mismos grupos de poder, y su misión no era informar, sino defender los intereses de la oligarquía. Los periodistas valientes que intentaban mostrar la otra cara de la moneda eran silenciados. Muchos políticos opositores, sobre todo aquellos que luchaban por una causa justa, pagaron con su vida su atrevimiento. La historia de este país está manchada con la sangre de cientos de luchadores sociales asesinados por pensar diferente.

Hoy, el panorama se torna distinto. Por primera vez en mucho tiempo, tenemos la libertad de expresarnos de la política y de los políticos sin miedo, bueno, en algunos gobiernos, estatales o municipales, lo más que podemos llegar a tener, es un aislamiento, sin derecho a la información y los medios a la publicidad. Podemos criticar, elogiar, debatir e, incluso, equivocarnos. 

Es una libertad tan grande que hasta permite que se digan mentiras descaradas sin consecuencias. Y es aquí donde surge la gran paradoja de nuestro tiempo.

La oposición política de hoy, aquellos que gobernaron y enriquecieron con el viejo modelo, se quejan constantemente de que vivimos en una dictadura, de que hay censura. Pero basta encender la televisión o abrir un periódico tradicional para ver que sus voces no solo se escuchan, sino que retumban. 

Televisa, TV Azteca, El Universal, Radio Fórmula y otros forman un coro perfectamente sincronizado que repite, una y otra vez, las mismas narrativas, las mismas palabras, las mismas fake news.

Actúan como si se pusieran de acuerdo en una llamada cada mañana para decidir cuál será el tema del día para atacar al gobierno. No les importa la verdad; les importa el impacto. No buscan informar; buscan desestabilizar.

El diario ABC de Epaña aseguró que la ex primera dama se iría a vivir a un lujoso vecindario de Madrid.

Un ejemplo claro y reciente fue la nota publicada por el diario español ABC. Afirmaron, sin ruborizarse, que la esposa del expresidente López Obrador y su hijo se mudarían a España. La noticia era tan falsa como ridícula. Doña Beatriz Gutiérrez Müller lo desmintió con claridad y hasta con humor: “¿Saben leer? ¿Hay algún padecimiento de comprensión lectora?”, les preguntó. Les exigió pruebas: documentos, contratos, boletos de avión. Algo, cualquier cosa que sustentara su fantasía. Por supuesto, no presentaron nada.

Pero el daño ya estaba hecho. El titular malintencionado ya estaba en el aire: “La esposa de López Obrador carga contra ABC, pero no desmiente sus planes de mudanza”. ¿Cómo desmentir algo que nunca existió? Es como si yo acusara a alguien de planear un viaje a Marte y luego, cuando lo negara, dijera: “¡Ajá! No negó tener un cohete en el garaje”. Es un juego sucio y cobarde.

Este no es un caso aislado. Es la estrategia de manual. Ante la imposibilidad de presentar una oposición real, con propuestas serias y una autocrítica honesta, han optado por la guerra de la desinformación. Se presentan como los mesías que vendrán a salvar a México, pero son los mismos de siempre. Son los vende patrias que entregaron el país al mejor postor, los corruptos que vaciaron las arcas públicas, los que gobernaron con la sombra de la sangre detrás de ellos.

Mientras la oposición inventa historias sobre mansiones en Madrid, el gobierno de la Cuarta Transformación ha logrado cosas concretas y medibles que cambian la vida de la gente; 13.4 millones de mexicanos salieron de la pobreza, el salario mínimo se recuperó después de años de estar congelado, y se construyen universidades y hospitales. Si bien es cierto que en materia de seguridad y salud aún quedan desafíos por resolver y deudas pendientes, si hay avances.

Sin embargo, de estos logros, la oposición y sus medios no quieren hablar con profundidad, porque lo que hablan, tiene peros y poca cobertura. No les conviene. Porque su mesianismo es una farsa. No tienen un proyecto de nación; solo tienen resentimiento y ambición. Quieren regresar al pasado donde ellos mandaban y el pueblo callaba.

Hoy, el poder lo tiene el pueblo. Y por más mentiras que inventen, por más que intenten confundir con ruido, la gente común y corriente sabe distinguir entre una noticia falsa y un programa social que llega a su comunidad. Sabe quién trabaja para ellos y quién trabaja para sus intereses.

La verdadera oposición que México necesita no es la que vive en el palacio de mentiras de los medios tradicionales. La verdadera oposición sería aquella que, con honestidad, señalara los errores reales y construyera desde la crítica seria. Pero esa oposición brilla por su ausencia.

Lo que tenemos, en cambio, es un grupo de nostálgicos del poder que, al no saber ser oposición, se conforman con ser fabricantes de mentiras y sombras. Y como bien se sabe, esas sombras las desvanece la verdad. Y la verdad, aunque ellos no lo reporten, está en las calles, en los hogares y en la historia que se escribe día a día, no en las redacciones de los diarios que añoran sus canonjías y un pasado que nunca volverá.

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