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¿Qué le pasa a Morena? La lucha entre sus ideales y la realidad | OPINIÓN

Oscar Miguel Rivera Hernández  | 29 de julio de 2025

Morena nació como un sueño colectivo. En sus inicios, fue un movimiento fresco, lleno de ciudadanos comunes, académicos, activistas y políticos honestos que creían en la posibilidad de un México más justo. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) logró unir a estas voces dispersas bajo un mismo proyecto: acabar con el régimen corrupto que había gobernado el país durante décadas. Sin embargo, hoy ese sueño parece estar en peligro.

Con el paso del tiempo, algo cambió. Morena dejó de ser solo el partido de los idealistas para convertirse en un refugio de políticos sin escrúpulos. Ex priistas, panistas y hasta personajes vinculados a viejas mañas encontraron en Morena una nueva plataforma para seguir en el poder. Nombres como Ricardo Monreal, Mario Delgado, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López, quienes antes militaban en partidos tradicionales, ahora ocupan puestos clave en el gobierno y en la estructura del partido.

Muchos los llaman «los herederos del viejo régimen», porque, aunque visten de morena, actúan con las mismas prácticas que supuestamente vinieron a combatir: nepotismo, tráfico de influencias y ambición desmedida. ¿Cómo es posible que un movimiento que prometió barrer con la corrupción ahora esté infectado por los mismos males?

A pesar de todo, sería injusto no reconocer lo que Morena ha hecho bien. Sus programas sociales han cambiado la vida de millones: los adultos mayores reciben pensiones, los jóvenes tienen oportunidades laborales con «Jóvenes Construyendo el Futuro», los campesinos son apoyados con «Sembrando Vida», y las familias más pobres cuentan con becas educativas. Estas políticas han generado una lealtad inquebrantable en gran parte de la población, que ve resultados tangibles.

Pero aquí surge una contradicción enorme: ¿de qué sirve ayudar al pueblo si al mismo tiempo se permite que los mismos políticos de siempre sigan manejando el país a su conveniencia?

Aquí hay una gran pregunta: ¿Quién controla Morena? Ya que hoy, dentro de ese partido, hay dos fuerzas en pugna: los fundadores y militantes de base, que aún creen en los principios originales y exigen que Morena sea congruente con su discurso y los «advenedizos”, políticos que llegaron de otros partidos y solo buscan aprovecharse del poder.

Esta pelea no es nueva. Desde hace años, casos como el de Félix Salgado Macedonio o Cuauhtémoc Blanco mostraron que Morena tenía un grave problema al seleccionar a sus candidatos. Ahora, con figuras como Adán Augusto, el conflicto es más evidente.

Algunos analistas dicen que Morena nunca tuvo una ideología bien definida, sino que fue solo una herramienta para llevar a AMLO a la presidencia. Si eso es cierto, entonces su transformación en un partido más del sistema era inevitable.

Claudia Sheinbaum, la actual presidenta, tiene en sus manos la difícil tarea de rescatar a Morena de sí misma. A diferencia de AMLO, que era un líder carismático y mediático, Sheinbaum tiene un estilo más técnico y discreto. Pero eso no significa que no esté actuando.

Hay señales de que quiere cambiar las cosas. Por ejemplo, cuando Adán Augusto intentó frenar la ley contra el nepotismo, Sheinbaum la impulsó sin vacilar. También se habla de que está evaluando mecanismos para evitar que más políticos corruptos se infiltren en el partido. Sin embargo, el verdadero reto no es solo detener a los nuevos, sino revisar a los que ya están dentro.

Mientras Morena libra esta batalla interna, los partidos de oposición, PRI, PAN y compañía, festejan en las sombras. Creen que Morena se está autodestruyendo y que pronto podrán recuperar el poder. Pero la realidad es que la derecha no ofrece nada mejor. Su discurso se reduce a criticar sin proponer alternativas reales.

Ricardo Salinas Pliego y otros empresarios conservadores incluso se burlan en redes sociales, pero la verdad es que no tienen un proyecto que le gane al apoyo popular de Morena.

Morena se encuentra en una encrucijada histórica: puede convertirse en otro partido corrupto, como el PRI o el PAN, o puede purgar a sus elementos nocivos y cumplir su promesa de cambio.

Para lograrlo, se necesitan tres cosas: deben expulsar a los traidores y recuperar el control del partido, tiene que tomar medidas drásticas contra la corrupción, aunque eso signifique enfrentarse a poderosos intereses y el pueblo debe exigir transparencia y no conformarse con discursos.

Si Morena no actúa pronto, terminará siendo lo mismo que juró destruir. Pero si logra limpiarse, podría demostrar que otro México es posible. La decisión es suya.

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